Abordaje del sobrediagnóstico y del sobretratamiento desde la seguridad del paciente

Aina Perelló Bratescu

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. CAP Larrard. Atenció Primària Parc Sanitari Pere Virgili. Barcelona. Miembro del GdT de Seguridad del Paciente de la semFYC y de Atención Domiciliaria de la CAMFiC.

 

Resumen

Entendemos que la Atención Primaria (AP) es un lugar privilegiado para adecuar y minimizar el impacto de las actuaciones del sistema sanitario en la salud de los ciudadanos. Es decir, promocionar una prevención cuaternaria, entendida como el conjunto de medidas que se toman para evitar, disminuir o paliar el daño producido por las actividades sanitarias innecesarias. Las actividades sanitarias producen, en general, beneficio, pero también daños. Una atención segura, libre de daños ligados a los cuidados prestados, es el nivel básico de calidad asistencial que el sistema de salud debe garantizar.

La AP es la puerta de entrada al sistema sanitario, donde el médico de familia se encuentra con el paciente y su familia en su contexto. Este encuentro, basado en la confianza y la longitudinalidad de la atención, permite una toma de decisiones compartidas y, a la par, comprometidas con la persona en su conjunto, más allá de una determinada enfermedad o problema de salud concreto que el paciente pueda padecer en un momento puntual.

La práctica totalidad de los pacientes acude en algún momento del viaje de su vida por el sistema de salud a la consulta del médico de familia. Muchos de ellos acuden con síntomas y pruebas diagnósticas alteradas que no corresponden a ninguna enfermedad concreta, hallazgos detectados en pruebas que buscaban alteraciones. En estas situaciones la prevención cuaternaria debería situarse como el resto de actividades preventivas que realizamos, y actuar con prudencia. La prevención cuaternaria tiene que ver con el hecho de que en medicina es más fácil revertir lo que se deja de hacer por defecto que lo que se hace en exceso.

Esta perspectiva debe estar presente en el razonamiento clínico de los médicos de familia. En su formación, se debe considerar no solo la patología, sino también el proporcionar un mayor conocimiento del amplio espectro de la normalidad en la población, conceptos que le  pueden resultar tan importantes para transmitir a la propia población como para muchos profesionales sanitarios relacionados, ya que el desconocimiento de la normalidad origina una buena proporción de consultas, derivaciones y pruebas injustificadas.

Como ejemplo de un motivo de consulta bastante frecuente de difícil manejo son los diagnósticos y los tratamientos «inducidos». Es decir, los resultados mínimamente alterados de pruebas solicitadas desde otros puntos de atención, como el servicio de urgencias o consultas de especialistas, que forman parte de un análisis preoperatorio o que incluso parten de la iniciativa del paciente que presiona al profesional sanitario para descartar riesgos y reducir incertidumbres. Muchos de ellos llevan asociado un diagnóstico injustificado difícil de manejar y normalizar desde AP.

Abordar esta cuestión es complejo, a mayor oferta de diagnósticos se origina mayor número de problemas, pruebas, tratamientos y el sentimiento de nuevas necesidades. Y lo que es más serio, y posiblemente nocivo, se hace que personas sanas se sientan enfermas,  lesionando el principio de no maleficencia y generando dependencia del sistema sanitario.

Por todo ello, es importante una buena comunicación con los pacientes y entre los propios profesionales de la salud. Con los compañeros, es legítimo defender la discrepancia fundamentada y con los pacientes, facilitar las decisiones consensuadas, promoviendo la autonomía de las personas y evitando la dependencia excesiva del sistema sanitario, que en muchas ocasiones daña a los enfermos y a los sanos y crea una sociedad poco saludable.

 

Bibliografía

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Recomendación de activos para la salud en Atención Primaria. Evidencias para la desmedicalización

Carmen Belén Benedé Azagra

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Doctora en Medicina. C. S. Canal Imperial-Venecia. Zaragoza. Docente Estrategia Atención Comunitaria. Coordinadora del Programa de Actividades Comunitarias en Atención Primaria (PACAP) de la semFYC.

 

Resumen

Uno de los retos de la Atención Primaria (AP) es reducir el proceso de medicalización frente a situaciones de la vida cotidiana, fomentando la autonomía de las personas. La desmedicalización debería estar en la base de las acciones de los sistemas de salud, en el ejercicio del derecho fundamental de protección de la salud, y ser uno de los objetivos de las intervenciones de promoción de la salud. Dejar de medicalizar la vida es luchar por la sostenibilidad del sistema, actuar según los principios de la bioética, centrándose en la búsqueda de soluciones positivas individuales, y colectivas, que ayuden a afrontar lo que ocurre en el proceso salud-enfermedad.

Una de las herramientas que utilizamos en nuestra práctica es la recomendación de activos para la salud o social prescribing. Una acción complementaria al modelo biopsicosocial que permite contextualizar la atención a las personas, con un abordaje multidisciplinar e intersectorial orientado a los determinantes de la salud, que facilite que las personas y las comunidades dispongan de los medios necesarios para mejorar su bienestar, y ejercer mayor control sobre el mismo.

Un activo para la salud se puede definir como «cualquier factor o recurso que potencia la capacidad de individuos y comunidades y poblaciones para mantener la salud y el bienestar» (Morgan y Ziglio, 2007). Estos pueden actuar a nivel individual, familiar o comunitario, y tienen como denominador común la capacidad de fortalecer la habilidad de las personas o grupos para mantener o mejorar la salud física-psíquica o social y contrarrestar situaciones de estrés. Los activos para la salud se mostrarían como recursos generales para superar las dificultades frente a la desigualdad, y esenciales para articular la búsqueda de capacidades y habilidades hacia lo que genera salud, mejora la estima y empoderamiento individual y colectivo, y  en consecuencia, menor dependencia del sistema sanitario.

La recomendación de activos para la salud es la creación de mecanismos formales en AP que puedan proporcionar a ciertas personas alternativas no clínicas de atención que inciden sobre su salud. Nos permite recomendar, en el marco de una relación terapéutica, recursos no clínicos ya existentes en la comunidad. La recomendación comunitaria presenta evidencia científica, y es compatible y complementaria con las acciones en salud individuales, grupales y comunitarias; al tiempo que sirve para mejorar la orientación comunitaria de los EAP.

 

Bibliografía